9 noviembre, 2017 Factor de Cambio

Reflejo de otra época, el exterminio Selk´nam

Sabías que durante la segunda mitad del siglo XIX e incluso en las primeras décadas del siglo XX se fomentó la matanza de los integrantes del pueblo Selk´nam por considerarse que interferían con la industria ganadera?

Las grandes compañías ovejeras  ofrecían recompensas monetarias por cada Selk´nam muerto, para demostrarlo, tenían que llevar las manos u orejas de las víctimas.

Uno de los principales promotores de este cruento genocidio fue un ingeniero de origen rumano y asentado en Argentina  Julius Popper, aunque su interés no era precisamente la actividad ganadera, sino la industria minera.  En el año 1886, Popper llegó con un grupo de expedicionarios a Tierra del Fuego, fijando inmediatamente sus ojos en un gigantesco yacimiento aurífero.  En su regreso a Buenos Aires dio una conferencia  sobre sus hallazgos científicos en el Instituto geográfico argentino,  entusiasmando a la audiencia a tal punto que generó una “fiebre de oro” y por lo tanto, una estampida de buscadores de ese metal hacia los confines del mundo.  Con esto, Popper había sentenciado el destino de los habitantes de la isla grande de Tierra del Fuego.

Al comienzo fueron las enfermedades introducidas por los extranjeros que afectaron a las poblaciones indígenas, pero lo que realmente diezmaría a los Selk´nam  fue el hecho que los invasores los consideraran  un estorbo  para sus intereses económicos, dando pie a una verdadera campaña de exterminio.

Entre los antecedentes más cruentos  se recuerda a un joven Selk´nam que fue acribillado con 28 balazos, él tan solo portaba un arco y una flecha. Cientos, quizás miles de años de desarrollo de esta interesante cultura seminómada, recordada hoy en día por la particular y colorida ceremonia Hain, sucumbieron trágicamente por la ambición de las compañías ganaderas y mineras.

Crudos relatos acompañados de fotografías que los respaldaban, expuso orgullosamente Popper como si se tratara de una cacería ordinaria.  Sin embargo hubo movimientos que intentaron salvaguardar la cultura Selk´nam, aunque lamentablemente carecían de peso suficiente. Fue así, como en el año 1890, el gobierno chileno cedió la isla Dawson en el estrecho de Magallanes a sacerdotes salesianos para que establecieran una misión para amparar a los nativos sobrevivientes de la masacre. Con amplios recursos económicos, la misión era virtualmente un campo de concentración de deportados, el que después de 20 años cerró convirtiéndose literalmente en el último cementerio Selk´nam.  Lola Kiepja, la última Selk`nam, falleció en 1966.

Si bien hoy el exterminio no es tan explícito como en aquél entonces, no significa que esté ocurriendo algo similar.    La destrucción de bosques nativos para plantación de monocultivos o para la actividad ganadera está literalmente exterminando a la fauna nativa, y también, acabando con aquellos pueblos que viven de la tierra en forma armoniosa.

 

Misma situación en el océano, ríos y lagos. Cada vez más contaminados por una industria invasiva y desconsiderada. Ejemplo de ello son las salmoneras, que descaradamente se ocultan tras una cara amigable, pero que se abren paso sin importar el daño que generan.

En nosotros está no repetir los errores del pasado, ya acabamos con culturas ancestrales, redujimos considerablemente los bosques y estamos llevando al borde de la extinción a la fauna nativa.

No seamos el reflejo de aquella época, seamos un Factor de Cambio.

Jaime Varela

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